Nuestra oración por los muertos es,
por tanto, no sólo útil sino que también es necesaria, ya que ésta no
sólo les puede ayudar, sino que al mismo tiempo hace eficaz su
intercesión en nuestro favor (cfr Catecismo de la Iglesia Católica, 958). También la visita a los cementerios,
a la vez que custodia los lazos de afecto con quien nos ha amado en
nuestra vida, nos recuerda que todos vamos hacia otra vida, más allá de
la muerte.
Cristo nos sostiene a través de la noche de la muerte que Él mismo ha atravesado
Cristo nos sostiene a través de la noche de la muerte que Él mismo ha atravesado; es el buen Pastor, bajo cuya guía nos podemos confiar sin temor, ya que Él conoce bien el camino, ha atravesado también la oscuridad. Extracto de: Catequesis - Conmemoración de todos los fieles difuntos (2 de noviembre de 2011)
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