Esta oración pide también a Dios el don de ver en el otro a un hermano que debe amar, y de reconocer en la tradición en que él vive un reflejo de esa Verdad que ilumina a todos los hombres ( Nostra Aetate , 2). Por eso conviene que cada uno se sitúe en la verdad ante Dios y ante el otro. Esta verdad no excluye, y no comporta una confusión. El diálogo interreligioso mal entendido conduce a la confusión o al sincretismo. No es este el diálogo que se busca. Extracto de: Discurso - Encuentro con los miembros del Gobierno, representantes de las instituciones de la República, el cuerpo diplomático y representantes de las principales religiones (Cotunú, 19 de noviembre). Viaje Apostólico a Benin (18-20 de noviembre de 2011)
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